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    <title>libreria valencia publicaciones</title>
    <link>http://www.bibliocafe.es/bibliocafeando.php</link>
    <description><![CDATA[ bibliocafé, noticias recientes. ]]></description>  
    <language>es-es</language>
    <pubDate>Tue, 21 May 2013 14:12:03 +0200 GMT</pubDate>
    <lastBuildDate>Tue, 21 May 2013 14:12:03 +0200 GMT</lastBuildDate>
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      <title>AMANECER CON CLÍMENE</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=53</link>
      <description><![CDATA[Desde aquí, se ve a la ninfa en todo su esplendor. Su piel, su cuerpo claro, el amanecer reflejado en su cuello. La eterna línea de su espalda, los hoyuelos sobre sus nalgas. La melena suelta, inundando la almohada. Despreocupada de mí y de todos, juega a parecer inerte en la tranquilidad de su reposo. Juega a dormir sin dejarme entrar en su sueño.<br />
<br />
La ninfa siempre me da la espalda. Ahora, cuando le intento hacer el amor; y también cuando se muestra hermética e incompasible ante mis intentos de beberle los labios, o regalarle mis ojos. Tiene demasiados pretendientes; pero, poco o mucho, los ignora a todos. Bueno, a todos no.<br />
<br />
La ninfa remolonea en el lienzo blanco de sus sábanas, dibuja colinas y montes en la cama y en su cuerpo.  Le miro las moraduras del costado. Maldita ninfa, por qué no me dejarás quererte, por qué no alejarás de tus caderas a todos esos que te hacen daño, que toman tu espalda - tu sempiterna espalda que ahora te beso - y marcan en ella sus dedos de hombres brutos, sus patadas de inconsciente. No, ninfa, no; ¿no ves que te están desgastando?<br />
<br />
A la luz de la mañana, la ninfa se ve increíblemente bella, misteriosa, como una excursión por el Nilo o las estrellas miradas desde el Roque. Su piel huele a canela, a sándalo; y más allá, a almizcle y a frutas. A incienso del de iglesia sus pechos, que adivino cuando corono la cumbre de su cuello. Y su vientre, que huele a pan, como huele el vientre de las buenas mujeres.<br />
<br />
Quizá quiero a la ninfa. Solo quizá. El deseo se confunde con el odio de una manera tan fácil... Cómo querer su espalda imperturbable, su tozudez inconmovible, su rostro misterioso de mujer coqueta. Cómo no desear ser cada uno de esos rayos de sol, para posarse en su piel y penetrarla con dulzura, y calentarle el corazón. Cómo no dejarse la vida en el intento de verla sonreir, resuelta, entre mis brazos, alejada de los moratones de todos aquellos que nunca, nunca debieron haberla tocado.]]></description>
      <pubDate>Sun, 21 Apr 2013 12:37:58 +0200</pubDate></item><item>
      <title>SENTADA EN EL SUELO JUNTO A LA LAVADORA</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=52</link>
      <description><![CDATA[En un rincón de la cocina, sentada en el suelo junto a la lavadora, la mujer llora silenciosamente. Mientras, frente a ella, los pétreos ojos del cadáver de un criminal no dejan de apuntar a su cara. Es la última tortura. Su querido hijo dictaminó y ejecutó la sentencia del caso que los tribunales habían decidido rechazar. El juez, por fin, fue juzgado y condenado.]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Apr 2013 18:54:35 +0200</pubDate></item><item>
      <title>Hambre</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=50</link>
      <description><![CDATA[Hambre. Es lo que siento, mucha hambre. Como, aunque la comida no me sacia. Sigo comiendo, hasta sentirme pesado, orondo. Pero el hambre vuelve pronto, demasiado pronto. Vuelvo a comer mientras mi cuerpo aumenta de tamaño. El hambre, el ansia, no desaparece. Está ahí. Siempre está ahí. Como y sigo comiendo. Mi mente me dice que tiene hambre, mi cabeza me dice que tengo hambre y mi estómago está lleno.<br />
Como animales muertos, plantas insensibles, semillas de vida, productos de fábrica. Como cosas que no necesito. Nada me satisface. Sigo teniendo hambre, apetito, gana, deseo. Mi insatisfacción aumenta con cada nuevo bocado. ¿Qué maldición es esta, en la que tengo hambre pero nada me sacia? Mi mente me sigue diciendo que tiene hambre y yo sigo comiendo.<br />
Me muestran un plato nuevo, que nunca he querido comer. Está seco, insulso, poco atractivo, cuesta digerir. Hay que trabajarlo. Lo pruebo, me gusta, me sacia. Mi cuerpo descansa. ¿Qué es esto? Mi mente me pide más, con moderación, sin ansia. Una a una, mi mente saborea sus hojas, llenas de tinta, llenas de historias.]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Feb 2013 11:32:57 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Lina para los amigos</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=49</link>
      <description><![CDATA[¿Me dice su nombre, por favor? / Lina / Vamos a ver, Lina cuénteme por qué ha decidido venir / De un tiempo a esta parte me falta fuerza / No se preocupe, mujer, el cambio de estación, sumado al cambio horario, afectan a mucha gente / Lo sé, doctor, pero me siento agotada / Pues yo la veo a usted muy positiva. Venir aquí ya demuestra positividad / Porque usted solo ve uno de mis polos / ¿Qué quiere decir? / Que también tengo mi parte negativa / Todos tenemos nuestra parte negativa. ¡Pregúnteselo a mi mujer! / Pero lo mío roza lo bipolar / Se ha exagerado mucho con eso. La bipolaridad es un estado del alma, no un defecto. ¡Vívalo positivamente! ¡Eso es que usted tiene alma de artista! / Soy consciente de ello, doctor, pero es que siempre he sido yo quien ha iluminado a los demás, quien les ha transmitido toda su energía. Para bien o para mal, hay mucha gente que confía en mí / Y así seguirá siendo durante mucho tiempo. Solo necesita usted algo de reposo para recargar su batería interior / ¿Cree usted que con eso bastará? ¿Realmente lo cree? / No lo dude ni un instante… Me ha dicho que su nombre era Lina, ¿verdad? ¿Ese es su nombre de pila? / No, el de pila es LR6 1.5V AA Alcalina, Lina es solo para los amigos.]]></description>
      <pubDate>Sun, 20 Jan 2013 12:32:14 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Suplantación</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=48</link>
      <description><![CDATA[Al poco de nacer se dieron cuenta que el niño no salía en las fotos. No es que saliera mal, es que, literalmente, no salía. Ni álbum de bautizo ni marquito de regalo para las suegras. <br />
De su madre, que ocupaba su tiempo en el invernadero familiar, fue la idea de poner una plantita en su lugar, algo que ocupaba muy poco y le daba una nota de color. <br />
La idea se reveló todo un éxito y al poco nadie quiso quedarse sin su foto con el niño, especialmente en primavera, cuando salían unas imágenes preciosas. <br />
Con el tiempo, ya crecido, el hombre se deleitaba mostrando los álbumes a sus amigos. Allí estaba él en su época de orquídea. En la comunión, con aquel traje de rododendro. En su adolescencia, de helecho escocés. <br />
A veces, señalando la plantita, levantaba una mirada incrédula hacia su madre y preguntaba: <br />
– ¿Mamá, de verdad yo era así?]]></description>
      <pubDate>Sun, 20 Jan 2013 12:16:31 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Piedras al abismo</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=47</link>
      <description><![CDATA[I.	Piedras al abismo<br />
<br />
Hoy he visto piedras caer al abismo<br />
Inteligencia combatida con negligencia<br />
Personas sumidas en el fango<br />
Que derriten su preciado rango<br />
¿Brebaje mágico o estúpido trágico?<br />
Mecanismo de defensa<br />
Que hace efecto a la inversa<br />
Todo producto de idiotez humana<br />
Es resultado de vergüenza dispersa<br />
Hoy he visto tantas cosas<br />
Consecuencia de mentes borrosas<br />
En sustancias acuosas<br />
Un grito de ayuda<br />
Que se escapa en susurros<br />
<br />
]]></description>
      <pubDate>Sun, 28 Oct 2012 20:26:54 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Gardáf</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=46</link>
      <description><![CDATA[El joven despertó repentinamente con los primeros rayos de sol. Estaba agotado sin saber por qué, aunque, pese a no haberse levantado de la cama había pasado una noche ajetreada. Se incorporó y se sentó al borde de su cama, escuchando atentamente como crujían sus huesos y articulaciones con el mismo sonido que la leña al restallar en una hoguera. El muchacho comenzó a recapitular lo soñado aquella misma noche.<br />
<br />
Recordaba salir de un sueño y entrar en otro una y otra vez, como aquel que resbala torpemente mil veces en la misma placa de hielo sin poder escapar. El muchacho intentaba recordar, pero no lo conseguía. Solo una palabra, una única palabra era la que recordaba después de toda aquella maratón de sueños: “Gardáf”.<br />
<br />
“Gardáf” pensó “¿Qué demonios significa ‘Gardáf’?”.<br />
<br />
Se alzó de la cama como un puma se abalanza sobre su presa, provocando un intenso mareo que le desorientó, fruto de la incorporación repentina. Cuando por fin se encontró sereno y despejado apoyado en la fría pared de su dormitorio se dirigió a su despacho.<br />
<br />
Confiaba que la sabiduría universal que se escondía en internet pudiera sacarle del embrollo y el embotamiento mental en la que se encontraba por culpa de una estúpida palabra.<br />
<br />
Buscó en el diccionario virtual; no encontró nada. Volvió a buscar la misma palabra en tres idiomas distintos con el mismo resultado y rebuscó de nuevo una vez más en todos los idiomas que se le ocurrieron con idéntico resultado: nada.<br />
<br />
Entonces el joven se dio cuenta de una cosa, no existía la palabra “Gardáf” para el resto de la humanidad… pero sí para él.<br />
<br />
Acababa de ver nacer una palabra, y su mente somnolienta, era el padre. Así que él mismo se encargaría de darle un significado a aquella palabra.<br />
<br />
“Gardáf” significaría “sueños”, significaría “ilusión” y significaría “El poder…”<br />
<br />
¿El poder de qué? Eso no importa, ya que al ser SU palabra, tendría el poder que él quisiera darle.]]></description>
      <pubDate>Sat, 08 Sep 2012 15:49:39 +0200</pubDate></item><item>
      <title>Francisco Alegre y señora</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=45</link>
      <description><![CDATA[	Benidorm en verano. Casi ná. Me dejo caer por un hotelito cualquiera y un sábado noche estoy tomando una copa en la terraza. Hay un gran bullicio, y es que nada hay más certero y peligroso que un grupo de chavales a los pies de una piscina con tres o cuatro cubos de hielo donde flotan cervezas, risas, miradas furtivas e inconfesables intenciones. En un extremo del recinto dos tipos, uno alto y joven y el otro mayor y algo enjuto, teclado y guitarra eléctrica en mano, desde la disco-móvil deslumbran al distinguido público con interpretaciones como “El toro y la luna”, “Macarena” o “Paquito el chocolatero”. Caspa pura y dura. La muchachada –el mayor no pasará de los veinte años- hace el tonto dentro y fuera del agua, aplaudiendo a rabiar cada final de canción, cada vez más fuerte, cada vez más cerveza. Se ríen. Se descojonan, para no mentirles. La disco-móvil se arranca por “Francisco Alegre” y el nivel de tontería del grupito alcanza ya cotas insospechadas. Gente sana, vaya. En esto que, de entre todas las mesas que ocupan la terraza, se levanta una pareja de ancianos y comienzan a bailar, solos, en medio de la improvisada pista. Ella es bajita y regordeta, con un vestido estampado jódemelarretina. Él, algo más alto, desgarbado, pelo canoso y arrastra la pierna derecha, desconozco si porque ya no le funciona o se la han tuneado en Ortopedias Martínez. La cosa es que ahí están, sin atisbo de rubor o vergüenza, mostrando su vejez, su discapacidad, sus kilos de más y tal vez su senilidad, delante de un grupo de púberes guapos, modelados, máquinas de vitalidad que se creen –al fin y al cabo, por edad, les va en el sueldo- eternos e invulnerables-. El solista va por aquello de “Niña morena/ ¿por qué me lloras, / carita de emperaora?", y la mujer le regala una sonrisa a su torero.<br />
<br />
        Que puta y fina es la vida. Cómo nos coloca ahí, por el motivo que sea, y nos insufla las ganas de comernos el mundo, de aprender, de echarle ganas a todo, pero también cómo erramos al pensar que lo verdadero y auténtico sólo sucede cuando estamos en plena posesión de nuestras facultades. Y no. De los primeros amores, del torrente de hormonas que son los chavales de la piscina, ojalá que con los años quede ese poso, maduro y sereno, de la tranquilidad que otorga contemplar el océano después de una larga travesía, de borrascas que se fueron como vinieron, temporales que nos arrebataron lo más querido, e incluso la inquietud que tuvimos por el miedo a ciertas tormentas, la mayoría de las cuales finalmente nunca sucedieron. Esa pareja de viejos –las cosas como son- sabe que está llegando al final de su singladura, y que por fuerza uno de ellos volverá al mar antes que el otro, pero sea cual fuere el tiempo que les quede, tienen claro que los habitantes del penúltimo puerto les van a contemplar bailando, mirándose, luciendo orgullosos su amor, sus años, sus canas y su pierna ortopédica, superado ya el riesgo de haber necesitado prótesis más importantes, como la del alma o el corazón.<br />
<br />
	Apuro la copa, y antes de marcharme me quedo contemplando a los auténticos jóvenes riendo, disfrutando, mirándose furtivamente y soñando quién sabe qué cosas secretas e inalcanzables. Y un poco más allá, entre cubos de cerveza, los chavales siguen haciendo ruido y creyéndose eternos.]]></description>
      <pubDate>Sun, 29 Jul 2012 22:37:25 +0200</pubDate></item><item>
      <title>La mujer del Primero de Mayo</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=44</link>
      <description><![CDATA[Lisboa amanece todo lo alegre que puede permitirse una ciudad como ella. El ahogado sonsonete de los coches circulando sobre el empedrado se confunde con el sonido de un fado lejano que sale de una pastelería cercana. El olor a ternura y a harina caliente me va arrancando a empujones del sueño que me acompaña a cada paso, de camino a un compromiso profesional. Es en el último tramo de la calle, antes de llegar a mi destino, donde la veo por primera vez. De pie, sobre la acera, junto a la puerta color verde gastado de una discreta vivienda, la mujer que fuma con los brazos cruzados posa sus ojos azules en mí. Es sólo un instante, el necesario para comprobar que aquel joven delgado que avanza rápido hacia donde ella aguarda no representa una amenaza. Cuando la sobrepaso me fijo en su rostro. Es bonita, sin demasiadas contemplaciones. Chupa con una calma agitada el cigarrillo mientras sus ojos persiguen cualquier detalle del entorno no más de un par de segundos. Sus ojos reflejan muchos kilómetros recorridos y otros tantos tiros pegados. Parece acostumbrada a la intensa brevedad de acomodarse en todos sin entregarse a nadie. Sigo mi camino y, cuando me he alejado varios metros, giro mi cabeza hacia atrás y la sorprendo mirándome. Se corrige inmediatamente y eleva sus ojos hacia el Puente del 25 de Abril, que cruza justo sobre nuestras cabezas. <br />
<br />
A partir de ese momento, cada mañana se sucede la misma rutina. No falla. A la misma hora en el mismo lugar. Sus labios ansiosos apuran el cigarrillo para encender otro a continuación, supongo. Jamás me quedo a comprobarlo. Hasta ese momento, siempre he creído que todas las miradas unen. Excepto la suya. Es una mirada de alambre de espino, de línea de fuego, de sala de espera antes de las malas noticias. Cada vez que me aproximo por la acera sus ojos azules se tornan más fríos, separadores, dominantes de su territorio, de su escaso metro cuadrado a la puerta de esa vivienda.<br />
<br />
El destino juega con azares tan cotidianos que no reparamos en ellos. Llegado el viernes, último día de mi estancia en la ciudad, me quedo dormido. Un café rápido y salgo corriendo del hotel para llegar lo antes posible a donde me esperan. Paso por el lugar unos veinte minutos más tarde de lo que lo he venido haciendo durante los últimos cuatro días, y justo entonces todo parece distinto. El brillo dorado de los primeros rayos de sol resbala, cansado, cubriendo los adoquines de la calle. Los raíles del eléctrico reflejan los primeros bostezos de otro día en Lisboa. A ellos mira ahora distraídamente el hombre maduro y con traje sintético que está apoyado, cabizbajo, en el coche oscuro que se ha detenido justo a la puerta de la casa. Serviços Sociais, leo en un tarjetón sobre el parabrisas. El tipo parece impaciente, y en su cara de fastidio madrugador se trasluce su condición de funcionario gris que cumple una obligación como quien cumple un placer, sin ínfulas de sentimiento alguno. Por fin se levanta y, sacando las manos de los bolsillos, se acerca de malas formas hasta la mujer y le arranca al niño de unos seis o siete años que hasta ese momento ella cubría de besos y abrazos. Al hacerlo, sus zapatos pisan la colilla que todavía humea sobre la acera. Ya es tarde para cambiarme de acera, así que acelero y paso justo entre el coche y la casa. Esta vez no me mira. Sus ojos azules anegados en lágrimas no se apartan del niño que le dice adiós desde el coche. Conforme me alejo, escucho las últimas palabras que ella le grita: Até logo, meu filho. Em breve estarei com mama novamente.<br />
<br />
Entonces me detengo y cruzo la acera. Me paro en la puerta de la pastelería y me quedo mirándola. Sus ojos se mezclan con los míos y me parece advertir que el dolor que albergan se transforma de repente en cólera. Se da media vuelta y entra en la casa, dando un portazo.<br />
<br />
<br />
Mi viernes se extingue a bordo del tren que me devuelve a casa. A mi lado, un anciano bonachón se empeña en contarme las buenas notas que su nieta ha obtenido en el final del curso. Pero yo sólo veo desde mi ventanilla a esa mujer de ojos vivos y escrutadores que me observa desde los visillos descorridos de una modesta casa en el número cincuenta y tantos de la Rua Primeiro de Maio, preguntándose quién será en realidad ese tipo extraño y delgado que se empeña en mirarla cada mañana. Y desde mi asiento, en silencio, yo me pregunto exactamente lo mismo.]]></description>
      <pubDate>Sun, 29 Jul 2012 10:59:48 +0200</pubDate></item><item>
      <title>De vuelta entre la multitud</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=42</link>
      <description><![CDATA[ El hombre sabio transportaba agua desde el viejo pozo hasta su casa, una solitaria construcción de adobe en lo alto de la rocosa montaña. El pozo no distaba mucho de su hogar, pero tenía que recorrer una empinada cuesta para ir de un sitio al otro. Cada mañana bajaba con su cubo de madera y lo llenaba con agua clara y limpia y andaba bajo su peso el desnudo camino hacia su morada. Últimamente pensaba mucho mientras hacia aquél camino.<br />
<br />
 Despojado de todo lo material, solitario entre los riscos de aquella montaña siempre nevada, dedicado todo el día a meditar sobre el ser y la nada, muchos presumían su sabiduría y unos pocos ascendían a su apartada cabaña a pedir su consejo. Amaba al mundo desde su atalaya en la roca, insuflaba cariño en sus máximas. Amaba, pero no era amado. Con un orgullo que intentaba rechazar pensaba que sus palabras habrían ayudado a los caminantes fatigados que se acercaban a llevar una mejor vida, a darse cuenta de las cosas importantes, quizás a querer mejor. Pero nunca podría aconsejar a nadie como llegar mejor a fin de mes, a cuidar mejor una familia con un marido ausente.<br />
<br />
 Cuando reflexionaba sobre todo ello no sentía el peso del agua, sino el peso de la soledad. Y del silencio. Apreciaba mucho el sitar que unos músicos de la comarca le habían regalado, tañéndolo intentaba romper un silencio que ahora le oprimía. Añoraba la música. <br />
<br />
 No echaba de menos el ruido de los coches, de excavadoras haciendo zanjas, de gritos, de sirenas de ambulancia. Pero echaba de menos los sonidos de aquélla zona de nueva Delhi donde se crío, donde no habían coches ni excavadoras. Las voces de los niños correteando juguetones, las mujeres de los puestos de fruta voceando su mercancía, al  santón que cantaba sus oraciones caminando en trance por la calle. Los olores de las especias del mercado y el incienso de los pequeños templos. Entendió que no había huido de aquellos sonidos y olores, solo había huido cobarde de la pobreza que atenazaba esas calles, de la desesperanza del hambre en los estómagos. Pero en aquellas calles, aun sucias y míseras, palpitaba la vida, la risa de los niños, la voz exaltada de los jóvenes hablando de equipo favorito, los chascarrillos de los mayores. Y comprendió que era a la vida a la que había renunciado, al amor que podrían darle y el amor que podría dar. Y decidió volver entre la multitud.<br />
]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Jan 2012 18:24:36 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Pareja de hecho</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=40</link>
      <description><![CDATA[Colección de relatos sobre la vida en pareja vista con un toque lúdico.<br />
Cali y Meli, los protagonistas, son la síntesis de la pareja que busca en el otro el espejo de si mismo en un afán de comprenderse como tales, hasta que sale el propio yo que los sitúa a cada uno en su sitio.]]></description>
      <pubDate>Tue, 29 Nov 2011 13:35:57 +0100</pubDate></item><item>
      <title>déjame libre</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=39</link>
      <description><![CDATA[DÉJAME LIBRE<br />
<br />
<br />
Déjame libre<br />
Pero a  mi manera.<br />
Desata esas cuerdas<br />
Que aprietan mis grietas.<br />
Escúchame cuando te hablo<br />
Y aguanta mi mirada<br />
Porque voy a gritar<br />
Lo que tu boca me calla.<br />
<br />
Déjame respirar<br />
Pero a mi manera.<br />
Sepárate de mí<br />
Cuando intente coger<br />
Ese aire <br />
Que tú tanto me niegas.<br />
<br />
Y el día de mi marcha<br />
Olvídate de mí<br />
Porque hace ya tiempo <br />
Que tú para mí<br />
Dejaste de existir.<br />
<br />
Déjame libre<br />
Pero a mi manera.<br />
Con mis manos desatándose<br />
De tus cuerdas.<br />
Y mis palabras<br />
Diciéndote por fin<br />
Que después de ti<br />
Hay vida  nueva..<br />
]]></description>
      <pubDate>Sat, 09 Jul 2011 16:54:29 +0200</pubDate></item><item>
      <title>Escasez</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=38</link>
      <description><![CDATA[Ya no ha lugar a escasez tan abundante,<br />
no ha lugar ya a penumbras grises<br />
ni mañanas frías.<br />
Que cesen los gritos desgarrados,<br />
ya nada es importante.<br />
Que venzan los de siempre<br />
que alcen el puño los malos,<br />
los de las almas pías.<br />
Que cese el acoso de negros corceles,<br />
de lebreles<br />
rojos de ira, babeantes.<br />
Es hora ya de que se acorten las sombras<br />
de que se extingan los vientos,<br />
de bajar los brazos.<br />
Quizás mañana venga a visitarme mi madre<br />
me cogerá de la mano para guiarme y me besará<br />
y con ella, todos los muertos.<br />
<br />
<br />
]]></description>
      <pubDate>Wed, 29 Jun 2011 22:29:32 +0200</pubDate></item><item>
      <title>OPORTUNIDADES</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=37</link>
      <description><![CDATA[Prisionero de su esfera Carlos hoy  sonríe,  por fin Clara se ha decidido a visitarlo en su burbuja.<br />
 Mientras, ella  se mira al espejo preguntándose si estará lo suficiente guapa para él. Sus labios de un tono rosado juegan nerviosos en su rostro.<br />
Carlos aún recuerda el olor  a  jazmín de Clara.  Ahora tras las paredes que le impiden vivir con normalidad    solo quiere  volver a sentirla cerca y decirle el  te quiero que se quedó silenciado en el  pasado.<br />
Ella se pone la mascarilla para entrar a ver a Carlos, él  se quieta el oxígeno para poder perderse en la fragancia de Clara.<br />
]]></description>
      <pubDate>Sun, 26 Jun 2011 10:57:39 +0200</pubDate></item><item>
      <title>Mi vida es sueño</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=36</link>
      <description><![CDATA[Desde que tengo turno de noche apenas coincidimos en casa. Nos vemos casi siempre en el trabajo. Después de hacer la ronda, me relajo, conecto la cámara y la espero. Imaginamos que no nos conocemos, coqueteamos, nos contamos una vida falsa y casi siempre, acabamos haciendo el amor con palabras. Luego, al día siguiente, cuando nos vemos de refilón, ella hacia su trabajo y yo, hacia la cama, actuamos como si lo de la noche anterior no hubiese ocurrido y en realidad, no se si ha pasado realmente o lo he soñado. Mañana si tengo valor, a lo mejor me animo y le pregunto.]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Jun 2011 15:56:17 +0200</pubDate></item><item>
      <title>Hojas de Naranjo</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=32</link>
      <description><![CDATA[Cinco de la mañana en la estación de tren fantasma, es invierno, hace frío, la gente oso camina lento hechando vahos de silencio, de colores grises, recién bañados, uno que otro pitillo en el refugio subterráneo esperando el sonido del tren.<br />
<br />
Tic, tac, toc.<br />
<br />
La gente del pueblo se va saludando con un bueeeenos días, bueenas...<br />
no como en la ciudad, sus comienzos de rutinas son amables hacia sus destinos remunerados y proletarios.<br />
<br />
Sus conversaciones retumban, como en misa y ecos de silencios efímeros, frente a mí<br />
un campo de naranjos, y las campanadas de la iglesia.<br />
<br />
Señoras gallináceas, de peinados con tintes y lacas, bolsos de mercadillo, recetas de comida hablan de lo que han comido, nietos e hijos son nombrados, hombres elegantes de buen talante parlotean de la crisis, los inmigrantes taciturnos<br />
e insimismados cargando sus mochilas de lona.<br />
<br />
Un hombre alto, moreno y robusto, de rasgos arabescos se sienta en la ecalera ,<br />
y fuma mientras sus ojos grandes y negros estudian a todo el que pasa por su radio, pensará en algún negocio, deuda pendiente, hermano lejano, es poco agraciado, sus manos son grandes y largas, parece un delta de un río remoto, un personaje maduro lleno de vivenciass para compartir a la hora del té.<br />
<br />
Tic, tac, toc.<br />
<br />
Así pasa el día y la gente, los colombicultores sueltan sus palomos de colores, llegando el atardecer de la lucha entre la paz agreste y la prepotencia violadora del caballo metálico voraz, tiembla en la estación...<br />
<br />
Ya por la noche tren de vuelta de las urbes, uno que otro personaje me saluda, y el moro gigante me ofrece un cigarro: “Chaval... ya es tarde...vete a tu casa”, su espalda se empequeñece rumbo a la caverna, sus dientes eran grandes tanto como su gesto humano y cercano.<br />
<br />
Tic, tac, toc.<br />
<br />
Último gran personaje, un chico de Alzira, me cuenta sus problemas con toda confianza psicológica. Que trabaja en la cuadrilla, que está cansado, que lo esperan en casa, que al ser el último en llegar a su hogar lo espera su gran ducha, de la última reforma que ha logrado hacer...sabes?,<br />
que evita hacer la cola del aseo, gracias al útltimo tren.<br />
<br />
Que vive de alquiler sabes?, tengo 4 críos, mi mujer es ama de casa y no trabaja, la vida está difícil tío, ¿a que te dedicas?, ¿te pagan bien che?, el frío cala, su modo de hablar es autóctono y campechano, termina su cigarro y escuchamos el tren.<br />
<br />
“Malditos bancos ché...nos estrujan, mejor guardar la pasta bajo el colchón, hay que hacer como el Cantoná ese...”<br />
<br />
“Buenas noches que vaya todo bien”, el tren frena lentamente despidiéndose del día, “vete a tu casa ya hombre!”, antes de subir se despoja de algunas hojas de naranjo de su chaqueta de jeans.<br />
<br />
Me quedo sólo y se apagan las luces, mi jornada de aforador acaba en la Estación de Tren de Manuel Lénovas.<br />
<br />
Tic, tac, toc.<br />
Vivencias de un Aforador.<br />
<br />
http://www.tomoaireysuelto.blogspot.com/ ]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Apr 2011 10:14:54 +0200</pubDate></item><item>
      <title>Bernardina, del Cielo al Infierno</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=31</link>
      <description><![CDATA[Una historia que toca el tema de la violencia de genero, pero, también de risas y llantos, alegrías y penurias de Bernardina.]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Mar 2011 01:25:33 +0200</pubDate></item><item>
      <title>La Puput</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=30</link>
      <description><![CDATA[ Molts anys després de les seues aventures com a petit caçador, Jacinto, un home ja madur, descobreix que tot allò al que creia haver donat mort reapareix en la seua vida sota altres llums.<br />
 El relat conté exercicis al final del llibre perquè el lector puga traure tot el suc a la narració.<br />
<br />
 http://www.bubok.com/libros/195317/La-Puput<br />
 ]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Feb 2011 19:32:34 +0100</pubDate></item><item>
      <title>El Discurso Fragmentario</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=29</link>
      <description><![CDATA[El Discurso Fragmentario es un mosaico de textos en prosa que recoge, en forma de reseñas, comentarios y divagaciones, pensamientos del autor sobre su obra poética y la de otros en la necesaria fragmentación de ese fluir que es el hecho creativo y la toma de conciencia de ese mismo devenir.<br />
 La aparente dispersión o inconexión de los fragmentos no es sino una representación de las distintas intensidades, matices, frecuencias con que esa energía se traduce, y con ello se empobrece, en palabras al pretender dividirla en las propias secuencias mentales del autor, de todo autor, y dotar dicho fluir de un sentido, de una armonía distinta de la de su origen, su fuente que, por el contrario, es ilimitada y dotada de un sentido que se escapa a nuestra percepción. El dolor del artista, del arquetipo de creador herido, proviene precisamente de la consciencia de esa incapacidad de aprehensión global cuando se la intenta capturar mediante los símbolos.<br />
 El libro se apreciará entonces en la distancia que un mosaico requiere para dotarlo de una significación mayor que la de sus fragmentos aislados.<br />
<br />
 http://www.bubok.com/libros/8254/El-Discurso-Fragmentario]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Feb 2011 19:31:06 +0100</pubDate></item><item>
      <title>A Diario a Lilyth</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=28</link>
      <description><![CDATA["...si, tras caer en brazos del sueño, palpo de nuevo, para mi gozo, un nuevo objeto mágico, pues ahora sé que a quien el poeta veía, lo que el poeta creía ver en la imagen de otro, de una mujer, era la belleza de su propia alma. Y hablaba con ella." <br />
<br />
http://stores.lulu.com/store.php?fAcctID=41782459]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Feb 2011 19:24:26 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Zapatos de la suerte</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=27</link>
      <description><![CDATA[Me compré esos zapatos con mi primer sueldo. A cambio, estuve el resto del mes comiendo a base de patatas fritas de bolsa y manzanas. Yo necesitaba esos zapatos, iba a encontrarme contigo y tenía que caminar con paso firme. Al salir se puso a llover a cantaros y la lluvia arruinó mis zapatos, igual que tu hiciste con mi vida.]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Feb 2011 21:01:11 +0100</pubDate></item><item>
      <title>LA MUERTE DEL POETA 1</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=24</link>
      <description><![CDATA[No siente más sus manos que labran el mundo.<br />
Las heridas de pena,<br />
los pinchazos del miedo,<br />
las dosis de veneno,<br />
las horas de trabajo,<br />
le han agotado en sus largos  sufrimientos.<br />
Piel emplomada y tensa,<br />
todo hueso,<br />
enlazado de su sombra, <br />
pálido,<br />
moribundo,<br />
sus ojos resplandecen de una luz salvaje.<br />
No ve más sus manos que sostienen el mundo.<br />
<br />
***<br />
]]></description>
      <pubDate>Sat, 19 Feb 2011 07:18:44 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Premio "Ángel Almansa"</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=23</link>
      <description><![CDATA[Estimados amigos<br />
<br />
Es un placer poder comunicaros que he recibido el premio<br />
<br />
"AÁngel Almnsa"<br />
<br />
del<br />
<br />
XXII Certamen Internacional de Poesía Andaluza<br />
<br />
Organizado con la Casa de Andalucía de Benicarló<br />
<br />
Con la poesía<br />
<br />
Andalucía, ¡Alma mía!]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Feb 2011 10:42:39 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Premio "Ángel Almansa"</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=22</link>
      <description><![CDATA[Estimados amigos<br />
<br />
Es un placer poder comunicaros que he recibido el premio<br />
<br />
"AÁngel Almnsa"<br />
<br />
del<br />
<br />
XXII Certamen Internacional de Poesía Andaluza<br />
<br />
Organizado con la Casa de Andalucía de Benicarló<br />
<br />
Con la poesía<br />
<br />
Andalucía, ¡Alma mía!]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Feb 2011 10:42:09 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Antologia </title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=21</link>
      <description><![CDATA[Soy un niño con traje de hombre, <br />
por las mañanas me quito mi pijama, <br />
y me pongo mi traje:<br />
Responsabilidad,<br />
madurez, <br />
seriedad,<br />
pero soy un niño con traje.<br />
Si miras bajo mi camisa veras, <br />
ilusión, <br />
inocencia, <br />
travesura.<br />
Soy un niño con traje de hombre, <br />
todavía creo que soy un pirata, <br />
que navega por los mares en busca de tesoros, <br />
para entregárselos a una bella princesa, <br />
que  rescataré de las manos del malvado.<br />
Soy un niño con traje de hombre:<br />
inocencia, <br />
travesura,<br />
ilusión. <br />
Todavía tengo la capacidad de sorprenderme, <br />
de ver una cosa y quedarme maravillado, <br />
de ilusionarme. <br />
Soy un niño, <br />
y por las mañanas me visto con un traje:<br />
De madurez,<br />
de seriedad, <br />
de responsabilidad.<br />
Soy un niño con traje de hombre.<br />
<br />
Paco  28-03-08<br />
]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Feb 2011 15:45:39 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Poemas de Corazón y Guadaña</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=20</link>
      <description><![CDATA[Canción para mi niño muerto<br />
<br />
(Poema en rima Jotabé)<br />
<br />
<br />
<br />
Ese niño yerto en aquella caja,<br />
clavó en mi su fría tez cual navaja.<br />
<br />
Destrozándome el pecho y el sentimiento,<br />
y reavivando el viejo sufrimiento,<br />
que pensaba llevado por el viento,<br />
donde la voz nunca habla de lamento.<br />
<br />
Donde en roca se torna el corazón,<br />
tras una venda de gruesa aflicción.<br />
<br />
Pero fue el acre olor de su mortaja,<br />
o quizá fue su aspecto somnoliento,<br />
quien golpeó sin tregua mi razón<br />
<br />
Creando en mi recuerdo la figura,<br />
de un pequeñín de cálida lisura,<br />
<br />
y piel blanca como la de un armiño,<br />
al que todas las noches con cariño,<br />
besaba sus mejillas con aliño,<br />
pues ese tierno infante era mi niño.<br />
<br />
El hijo que mi esposa en sus entrañas,<br />
concibió y luego parió con sus mañas,<br />
<br />
Cuidó y amamantó con suma ternura,<br />
mientras mi hijo con un pícaro guiño,<br />
reía todas las pizpirigañas.<br />
<br />
Pensaba mi vida llena de dicha,<br />
hasta que el cruel destino movió ficha,<br />
<br />
y un drogadicto triste y tembloroso,<br />
de muy mala ley y corazón buboso,<br />
golpeó mi paz cual derribo y acoso,<br />
llenándome de un vacío espantoso.<br />
<br />
Mi ánima llorosa gritaba herida,<br />
y mi voz enmudecía aterida,<br />
<br />
ante la realidad de mi desdicha,<br />
pues al cubrir de tristeza aquel foso<br />
en él enterraba mi propia vida.<br />
<br />
<br />
<br />
Juan Benito Rodríguez Manzanares<br />
]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Feb 2011 00:11:16 +0100</pubDate></item><item>
      <title>La llamada</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=15</link>
      <description><![CDATA[      El aroma del té de menta entra por la nariz y es como si otra vez el escenario, melancólico y multiforme, levantara otra vez el telón para mostrar lo polvoriento que la vida ha dejado atrás, presa de cansancio, alcohol y sangre, que se desliza por la metafórica tarima buscando lo que nunca he podido encontrar, lo que se ha desasido en mi búsqueda, lo que me ha abandonado a mi suerte, y todo es tan vívido y tan próximo que yo dudo que los cabellos que se deslizan entre mis dedos no sean los de Sofía, que la nuca de la que nacen no sea esa piel que tanto he besado y que mis manos han recorrido hacia arriba y hacia abajo en la penumbra de nuestras soledades, en las que éramos cómplices y hermanos, amantes y socios, testigos de un milagro común en el que palpar, gustar, gritar no era una farsa sino la manera en la que explorábamos al otro, y que nos servía para conocernos más a nosotros mismos, perdidos en la carne, vueltos a nacer de nuevo al mundo de los sentidos de una vida absurda hasta entonces, que todo había cambiado merced a la palanca que era nuestra imposible comunión de cuerpos vueltos el uno hacia el otro, anhelantes, lánguidos, ávidos de amor y humor, con las manos llenas de carcajadas y la mente embotada por la locura, y cuando la fuerza se extinguía, consumida por ella misma, entonces bebíamos ese té de menta que calmaba la sed del otro, y reíamos con una sencillez que ahora me asusta, y todo eso ha pasado porque una noche, hace ya algún tiempo, resbalamos en lo alto, y aún estamos cayendo, y yo todavía oigo mi propio grito, y ya no soporto oírme esa voz desvalida y exhausta de vivir que repta sobre mi vientre y quiere arrancarme la espalda, por eso he tratado de ver otra vez a Sofía, por eso he intentado sincronizar nuestros latidos y esperanzas, pero la nuestra ha sido una caída como no habrá otra igual, y todavía estamos cayendo, y hasta que no golpeemos el suelo nada podrá ser cambiado, y quizás entonces sea ya demasiado tarde, pero mi propia estulticia me obliga a encontrar una salida en la casa pasto de las llamas en la que se ha convertido este cuerpo febril y enrojecido por los cambios del viento, de la marea, de las estaciones, de los horarios de trenes que pasan una vez sola y luego se pierden en el túnel, cuya boca es tan negra como el cañón metálico que me mira con la curiosidad del principiante, y que es mi verdugo y mi amigo esta noche, cuando nada se oye dentro ni fuera de mí, y entonces me trevo por fin, y el tubo de metal tantea mi garganta y se queda fijado entre los dientes que lo aprietan, mientras una mano temblorosa amartilla el gatillo hasta un click que suena como a podrido, como a una desagradable broma de los goces precedentes, y ya quedan pocas cosas que pensar, ya no queda tiempo, y todo se amontona en la cabeza, comprimido, y Sofía, y su pelo y su nuca y su piel y sus caricias y el entrechocar de los cuerpos y ese té de menta que era nuestra escollera y fin del naufragio se han ido muy lejos, y solo queda el miedo de que la luz se apague para siempre, miedo de no volver abrir estos ojos húmedos y salados, miedo de estar cayendo siempre en la noche, miedomiedomiedomiedomiedomiedomiedomiedo que no se puede sacudir de la cabeza y que compacta toda idea en una masa informe y todo está gritando y riiiiiiiiiing, el teléfono grita con la voz de ella, pero ya no queda sitio para la respuesta, todo se ha esfumado y se ha perdido y se ha quedado inservible, y riiiiiiiiiiiing, la esperanza se asoma con débil luz contra los tinieblas y yo me río de mi torpeza, de pensar que ella esté al otro lado de una línea mientras un pedazo de plomo aguarda turno para alojarse en mi cerebro, y tal vez ella lo sepa y trate desesperada de evitarlo, y riiiiiiiiiing, pero qué estupidez sería contestar y descubrir que se han equivocado de número, o que un amigo quiere verme al día siguiente, o que mi madre me llama para ver cómo me va, y esta estupidez es un sinónimo de todos estos años de oscuridad sin fondo ni forma, y nunca he hecho nada con decisión sin arrepentirme, y riiiiiiiiiiing, ya he tomado una decisión hace tiempo, y ni el miedo que ya ha pasado ni esta frialdad criminal y canalla que me agarra por el cuello cambian nada, pues lo cierto es que el mundo permanece incólume contra cualquier empujón que uno trate de darle, y da igual tanto si sí como si no, si la valentía o una huída son semejantes, entonces qué carajo haga yo aquí con tanta pregunta a la que no voy a contestar, y entonces la prisa asciende hasta mi boca, y las arcadas me hace morder con furia el metal, y mi mano ase con más fuerza el arma, y aprieto espasmódicamente los ojos, y ya el teléfono ha dejado de sonar, el teléfono ha dejado de sonar, el teléfono ha dejado de sonar, mi mano tiembla, miedo, una falange gira sobre la otra, miedo, el roce del gatillo, miedo, el muelle que se estira, miedo, un sonido metálico, miedo, ya solo resta el silencio, todo acabó, bang.]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Jan 2011 11:39:43 +0100</pubDate></item><item>
      <title>EN NAVIDAD ES MEJOR NO PREGUNTAR PARTE 2</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=14</link>
      <description><![CDATA[Sin embargo, el recuerdo sensorial de aquel perfume me quemaba, y la sospecha todavía me acompañaba cuando me alejé distraídamente del establecimiento al salir Alberto, supongo que encaminándose de nuevo a su despacho, y yo entré dos minutos después preguntando a la dependienta por no sé qué burda excusa disfrazada de interés por ese bonito broche de oro bañado. Me acerqué con ensayada complicidad a la hermosa joven de cobrizo cabello y ojos verdes para confesarle que difícilmente podía pagarlo pero que en Navidad un capricho era un capricho. Una artimaña de aproximación que me permitió inhalar su aroma y confirmar que, efectivamente, se trataba del mismo Nina Ricci de la perfumería,.., y del cuello de la camisa de mi marido. Era ella, sin duda. Misterio resuelto.<br />
<br />
Al salir, lloré mi mezquindad y me dije que no era digna de Alberto. La vergüenza me inundó pensando en todos los esfuerzos que mi marido estaría haciendo, matándose a trabajar para conseguirme aquella caprichosa gargantilla tan cara. Lo imaginé un primer día pasando por el escaparate de la joyería y pensando en mí, en lo mucho que me quiere y preguntándose si no podría él hacer un esfuerzo y comprármela, y entrando a preguntar por el precio. Y lo veo al día siguiente volviendo a preguntar, quizás intentando negociar  una rebaja, quizás valorando la posibilidad de adquirir alguna otra alhaja algo más barata y ajustada a nuestro presupuesto, agitando tozudo la cabeza y maldiciendo nuestra pobreza y decidiendo, -¡maldita sea, ella bien lo vale!-, que esa gargantilla sería suya. Sería mía. Y volviendo un tercer día más, a apalabrar el trato o a preguntar si se podía financiar a tres meses, o quizás haciendo el encargo y prometiendo pasar a recogerlo en otra posterior visita, y mientras todo esto sucedía la joven del Nina Ricci impregnaba con su esencia el cuello de la camisa y la chaqueta de mi marido. <br />
<br />
¡Qué tonta había sido! ¡Qué injusta! Ya lo decía mi mamá: en Navidad, mejor no preguntes.<br />
<br />
Esta vez no fue mi amor sincero, ni la tradición, ni el convencionalismo consumista. No. Fueron los remordimientos que me quemaban por dentro quienes me empujaron  insistentemente a la calle, a buscarle a Alberto un regalo digno capaz de enjugar mi mezquina desconfianza, mis celos injustificados, y compensar su infinita generosidad. No quería que se me quedase cara de idiota cuando el día de Reyes yo abriese el envoltorio de la gargantilla y él desenvolviese la enésima corbata roja que siempre le regalo. No era justo. Él merecía mucho más. “¿Dónde vas?” preguntó cuando me vio ponerme el abrigo. “A casa de mi madre”, mentí. En Navidad la mentira piadosa es moneda de uso común, ¿verdad? “Volveré tarde, que hoy voy a hacerle la cena” improvisé al darme cuenta de que aún no sabía qué regalarle y que quizás la tarea sería mucho más laboriosa de lo que en un primer momento había supuesto. “De acuerdo”, contestó él distraídamente.<br />
<br />
Fue mucho más rápido de lo que pensaba. Casi me costó más esperar en la cola de la caja para pagar que decidir gastarme una fortuna en aquella Blackberry por la que siempre suspiraba mi marido. Pero el recuerdo de la costosa gargantilla y de mi desconfianza me convenció rápidamente. Maldije mi mala suerte al comprobar que mi tarjeta de crédito estaba caducada y convencí al joven vendedor para que me reservara el artículo mientras iba en busca de efectivo. Al salir de la tienda comencé a urdir mentalmente una excusa para volver a casa, pues se suponía que yo estaba atendiendo a mi anciana madre, y no sabía cómo iba a pedirle a Alberto dinero en metálico. Pero algo se me ocurriría. Sonreí para mis adentros pensando que, ante sus inevitables preguntas, le respondería algo así como… en Navidad, es mejor no preguntar. Y ensayé, frente al escaparate por el que pasaba en ese momento, una sonrisa picaruela. <br />
<br />
Al llegar a casa escuché al fondo, en el dormitorio, los inequívocos sonidos de mi estupidez. Y recordé la sentencia machacona de mi madre, en Navidad es mejor no preguntar, cuando me pregunté, al abrir la puerta, qué hacía desnuda aquella pelirroja de ojos verdes impregnando las sábanas de mi cama con su aroma a Ninna Ricci y por qué mi marido besuqueaba indecentemente sus muslos.]]></description>
      <pubDate>Sat, 08 Jan 2011 21:24:11 +0100</pubDate></item><item>
      <title>EN NAVIDAD ES MEJOR NO PREGUNTAR PARTE 1</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=13</link>
      <description><![CDATA[Ahora que celebramos la natividad del hijo del hombre, ahora que la ciudad se engalana de luces, belenes vivientes y árboles decorados, ahora que las gentes deambulan cargadas con paquetes y bolsas multicolores, ahora que las fechas de la inocencia se renuevan entre los fríos invernales, ahora que ya supero la cuarentena, recuerdo vivamente mis años de niñez y me parece escuchar a mamá cuando me decía que en Navidad es mejor no preguntar. <br />
<br />
Cuando supe la verdad, cuando descubrí el montaje y la leyenda dio paso al convencionalismo social, comprendí que éramos parte de una mentira colectiva, de un bienintencionado fraude a la niñez orquestado por fácticos poderes que mezclaban ilusión y tradición a partes iguales en el guiso navideño en que amasaban sus fortunas. Pero cuando veía la sonrisa de mis hijos al batallar ansiosos con los envoltorios de sus presentes el día de Reyes, quise ser parte del engaño y muchas veces pronuncié, cual muletilla recalcitrante, aquel en Navidad es mejor no preguntar…<br />
<br />
Reconozco que sentí un poco de vergüenza, de indignidad, cuando comencé a sospechar de mi marido y decidí jugar a los detectives. Pero esa sensación se borró de un plumazo al conocer la verdad. Mi madre, mujer sabia, también decía que yo tenía un olfato extraordinario. Y es cierto. Primero no quise creerlo. Luego la sospecha se abrió paso hasta mi conciencia a través de mis fosas nasales. Y al tercer día consecutivo tuve la certeza: Alberto emanaba un aroma a perfume femenino ajeno a mi tocador. Tampoco se asemejaba al Anais Anais de su secretaria.<br />
<br />
Mi primera pesquisa fue identificar el producto, en la perfumería más próxima donde se exponían muestras gratuitas de las diferentes marcas a la venta, como un Nina Ricci del que, sin lugar a dudas, carecía mi repertorio. Así pues, mi marido me engañaba con otra, no había duda. Y, mientras olfateaba aquel frasco, envuelta en indignación, tuve que reconocer que me era adúltero con una mujer de gusto refinado. Incluso llegué a pensar, imbécil de mí, que ya era hora de cambiar de colonia y que ese Nina Ricci me encantaba.<br />
<br />
Durante los siguientes días no me separé de él ni un minuto, pero el lunes era laborable y debía ir al despacho a trabajar. Entretuve mi paciente espera leyendo, echando disimuladas miradas por encima del borde superior del libro, allí, sentada en la terraza, pasando un frío de mil demonios, escondida en el café de la esquina de enfrente del edificio de su despacho. A la una lo vi salir apresuradamente, y me sentí sucia persiguiéndolo por la ciudad como una detective aficionada, a veinte pasos de distancia por detrás de él, disimulando en los escaparates cuando se detenía, escondiéndome puerilmente tras el periódico, e inventando una improvisada excusa en caso de que me sorprendiera por cualquier desliz mío. Pero a trancas y barrancas llegamos hasta una joyería de la calle Botero. Un establecimiento de relumbre que exhibía en su escaparate maravillosas sortijas, pendientes, pulseras y aquella fabulosa gargantilla de brillantes que, ahora lo recordaba, yo misma le había dicho a Alberto, hacía más de un mes en un paseo cotidiano, que me hacía una ilusión bárbara.<br />
<br />
¡Imbécil, imbécil, imbécil! Yo dudando de mi marido, cuando él todo lo que quería ocultar era la inmensidad de su amor, cuando él sólo quería sorprenderme con un extraordinario regalo navideño que sabía haría que me derritiese y me lo comiese a besos. Razón tenía mamá: en Navidad es mejor no preguntar.]]></description>
      <pubDate>Sat, 08 Jan 2011 21:22:48 +0100</pubDate></item><item>
      <title>Treinta y dos maneras de felicitarme...</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=11</link>
      <description><![CDATA[Me alegro de haberme conocido... por que cada dia me doy cuenta de lo que valgo, ni mucho ni poco...<br />
sin olvidarme que de mis innumerables carencias debo seguir aprendiendo,para que a final de mes las cuentas me salgan redondas ó no salirme del calendario..<br />
que un día son muchos minutos y se hace duro, sin pan, sin agua ó echando de menos a alguien..<br />
<br />
Que la noche me traiga la luna... y el día, una sonrisa agradecida...un cortado, y un te quiero ...<br />
<br />
<br />
...treinta y dos veces más grande, y la vergüenza me queda pequeña... que ya no quedo bien por quedar.. que si me quedo se me tenga en cuenta... .que si me voy no se me cierren las puertas.. que si te vienes sepa hacerte agradable el viaje... que si me pongo soy hasta graciosa.. y alguna que otra carcajada sea la banda sonora de todo lo que me gustaria vivir.. y que si lo vivo, pueda reirme muriendo...]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Nov 2010 22:29:45 +0100</pubDate></item><item>
      <title>La tía María</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=10</link>
      <description><![CDATA[Este es un flash back de mis vacaciones de antaño, en un país recóndito de sudamérica, tenía 17 años y trabaje en un restaurante gringo como camarero 3 meses, en la elite de la burgesía capitalina, gracias a sus propinas me fuí de merecidas vacaciones al campo, a la casa de mi tía María, vamos las vacaciones del pobre.<br />
<br />
Aquella mujer robusta y con un corazón de pan amasado, madruga todos los días del año a las 6am, saca la leche de sus vacas pintadas y gigantes, aprieta el cuajo entre sus manos surcadas por la experiencia, y moldea el queso perfecto para el tomate sanginolento...para mojar. Llama a las gallinas repartidas por el campo con su sonido gutural, estas la rodean y empiezan a girar alrededor de ella como una opera increchendo mientras reparte el maíz...luego en un descuido rápido coge una y la descuella para el sabroso estofado humeante con su isla de cilantro, nada de cocinas de diseño y pijerías, el sabor viene de la leña y su talento.<br />
<br />
Hace sumas básicas y las anota en su libreta como mourinho (Entrada-salida de la leche y sus derivados), por la noche...nos contaba historias de aparecidos y duendes, luego dependiendo de que estuviera la virgen del carmen en casa, nos hacía rezar el rosario (Los campecinos se turnabam la imagen cada semana hasta volver a la antigua iglesia de adobe).<br />
<br />
Y así... Como era el capitalino invitado me daba obligaciones para solventar la estadía, fuí muy feliz saben, repartía temprano la leche en una vieja bicicleta por el pueblo, con una plaza de armas, 20 blancas bancas, una iglesia con pinos gigantescos, la única cabina de teléfonos, una fuente rosada al centro, el retén de policías, el hombre que vendía tabaco y licor escondido...El mercado del miércoles, las mujeres con sus hijas guapas apretadas de carne y piel canela, de ojos negros carbón inocente que encendían mis feromonas de macho cabrío....<br />
Más de una me regaló un beso furtivo detrás de la iglesia entre aquellos árboles mitad blanco de troncos, para que las hormigas no subieran...Pero sí las manos...<br />
<br />
La gente...vidas simples, aquellas que sonríen con y sin dientes, ¿y tu de quien eres?...., es la que te marca, su alegría, sus rancheras preferidas, su espontaniedad, su manera de llevar la vida, el mate, el vino tinto, los huevos amarillos de campo, aquellos que una vez al año van al centro comercial y tienen una teñida especial para el Domingo, aquellos que cuidan sus jeans, y lavan sus dientes con signal, comen mucha fruta de la huerta y pan del bueno, mujeres de clavo de olor y hombres de petróleo.<br />
<br />
Ya al final de mi viaje, mi querida tía María me obliga a llevarme un par de melones en la maleta, leche cocida en una botella de plástico desinfectada con agua bien caliente, me aprieta con sus brazos de oso y yo beso su gruesa mejilla caliente, en un minuto el autobús recorre la calle principal del pueblo, ella cruza la calle con su paso lento y sus alpargatas azules, sus manos regordetas se despiden en cámara lenta.<br />
<br />
Homenaje a mi tía María de un pueblo lejano llamado Peralillo. ]]></description>
      <pubDate>Thu, 14 Oct 2010 00:38:02 +0200</pubDate></item><item>
      <title>Ojalá salga la luna</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=9</link>
      <description><![CDATA[Pensó en la tentación de elegir la muerte para dejar de sufrir mientras sonaban dulces los extraños deseos que una vez escuchó en una hermosa canción triste: <br />
<br />
"Ojalá pase algo que te borre de pronto,<br />
una luz cegadora, un disparo de nieve. <br />
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte <br />
para no verte tanto, para no verte siempre, <br />
en todos los segundos, en todas las visiones"<br />
<br />
Cuando aquella noche despertó en la habitación de aquel hospital una luz cegadora nubló fulminantemente su mirada. Parecía que toda la nieve del mundo había sido atraída por aquella inmensa luna que asomaba por la ventana. Repentinamente de sus cegados ojos brotaron infinidad de lágrimas que recorrieron veloces su rostro hasta formar un impetuoso torrente que ascendió vertiginoso en busca de aquel gélido cielo. Poco a poco aquella luna de hielo comenzó a derretirse hasta transformarse en un mar de estrellas. Entonces recordó con una sonrisa blanca, grande y redonda los extraños deseos que una vez escuchó en una hermosa canción triste:<br />
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"Ojalá que la luna pueda salir sin ti"]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 Oct 2010 15:03:48 +0200</pubDate></item><item>
      <title>La cajita de Música</title>
      <link>http://www.bibliocafe.es/detallepublica.php?id=4</link>
      <description><![CDATA[Aquella cajita se abría emitiendo un sonido suave, dulce y repetitivo. Una melodía que se metía en la cabeza: ¡Tin, ton, Tin, ton, tin, ton, tin! La cajita abierta dejaba entrever una bailarina, con su tutú, su brazo arriba y una pierna levantada en un ángulo de 90º. El color rosa de su vestido resaltaba con la blancura de su rostro y de sus manos. Sus ojos eran grandes y luminosos. El pelo negro caía sobre sus hombros entrelazado en una coleta en la nuca. Su sonrisa era misteriosa, una mezcla entre la alegría de estar disfrutando de su pirueta de baile y una extraña melancolía que se adivinaba, pues la sonrisa no era completa.<br />
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Pero lo que más fascinaba de esa cajita de música, era el nombre que aparecía en la base de la caja. No era un nombre de mujer, ni de hombre. Más bien parecía un nombre de un lugar: Martarisechev. Parecía ruso.<br />
Fuera lo que fuera, nuestra niña sentía una especial atracción por la cajita y por su muñeca. Su madre se la había regalado con tan sólo cuatro años, cuando, por cuestiones laborales había ido a Moscú. En uno de los mercaditos junto a la Plaza Roja encontró la cajita y la compró por la coincidencia del nombre, la niña se llamaba Marta y en la cajita ponía Martarisechev. Según lo que pudo entender del poco inglés que hablaba el vendedor, Martarisechev era un pequeño pueblecito junto a los Urales, donde se contaba una triste historia de una joven que había llegado al ballet Bolsoi. Era una grandiosa bailarina, una privilegiada. Una de esas chicas que surgen cada cien años, con un don natural, una de esas bailarinas que parecen flotar en el escenario y moverse entre las notas de esa maravillosa música.<br />
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Era la estrella absoluta del ballet ruso, pero, un buen día, sin explicaciones, desapareció. Nada más se supo de ella. Esa historia que Marta había oído de labios de su madre, junto con la misteriosa cajita, habían hecho de la pequeña niña, una gran amante del baile y de la música clásica. Desde los cuatro años, recibió clases de ballet. Adoraba danzar al ritmo de la música. Se sentía libre, feliz, invadida por un espíritu bueno, llena de dicha. Era una sensación muy difícil de describir en este humilde papel.<br />
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Todas las noches, después de sus clases volvía a casa muy cansada. Era duro tanto ensayo. Después de una cena muy frugal, se retiraba a su habitación. Pero antes de acostarse abría la cajita, y con su música practicaba una vez más las piruetas más difíciles aprendidas durante el día. Cuando ya no podía más, se tumbaba en la cama, frente a la misteriosa y diminuta bailarina. La observaba e imaginaba moverse igual que ella, llegar a ser la mejor bailarina del Bolsoi y se dormía para soñar que un día, harían cajitas de música como aquella, pero sería ella la representada en la muñeca y todas las niñas del mundo, soñarían junto a sus cajitas, durmiéndose felices.<br />
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Pasaron los años y la vida fue muy generosa con Marta. Sus esfuerzos habían sido muchos pero se habían visto recompensados. Ahora, con 15 años, era una de las bailarinas del ballet nacional de España y eso, le estaba permitiendo viajar por todo el mundo. Londres, París, Roma, Nueva Cork,… Pero sus nervios se dispararon al escuchar de boca de su director que el próximo viaje sería a Moscú. Bailarían en el Bolsoi.<br />
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Ella había mantenido sus costumbres de niña y allá donde iba, llevaba su cajita rusa. Aquella historia de su niñez se había convertido casi casi en una novela de amor y aventuras gracias a su imaginación. Por una parte, deseaba conocer en vivo y en directo aquellos lugares, donde sus sueños habían situado los escenarios de la historia de la muñequita de su caja. Pero por otra parte, tenía miedo. Miedo de que se rompiera el embrujo, la magia de aquella historia que le había dado fuerzas y ánimos para luchar por ser bailarina.<br />
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El viaje se hizo interminable y al llegar, un frío negro les esperaba. No sabía cuántos grados bajo cero marcaría el termómetro, pero seguro que pasaban de los veinte. Tenía miedo sólo de una cosa, de una tontería, que su cajita rosa se congelara y no funcionara. Pero afortunadamente no fue así.<br />
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Pasaron unos duros días de ensayos antes del estreno. En esos días, Marta observaba todo con los ojos como platos. La imaginación se le disparaba y creía ver su bailarina por todos los sitios. La buscaba en el camerino, entre bambalinas, notaba su esencia en el escenario… Y eso se notó.<br />
Bailó como nunca lo había hecho. Flotaba en el escenario, transmitía la emoción que sentía a todo el mundo. Sus compañeros alucinaron, su director estaba encantado, los rusos no daban crédito a sus ojos. Los aplausos se escuchaban hasta en los ensayos.<br />
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La noche antes del estreno, Marta, sola en su habitación, volvió a abrir su cajita. La música inundó la estancia y ella observó de nuevo a su pequeña bailarina.<br />
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- Quisiera ser como tú y dedicarte mi actuación de mañana – le decía – tal vez nunca hayas existido, pero para mí, eres real. Trataré de estar a la altura mañana.<br />
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Al día siguiente, el ballet del Bolsoi registró un lleno histórico.<br />
Marta bailó como los ángeles y el triunfo fue atronador. Toda la prensa internacional recogió el éxito del ballet nacional y más en concreto de su primera bailarina.<br />
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La puerta del camerino sonó y Marta la abrió. Una mujer mayor, de unos 60 años, estaba delante de la puerta. Al verse delante de Marta, sus ojos se pusieron brillantes y una lágrima se deslizó entre las arrugas de su rostro.<br />
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- Llevo cuarenta años enseñando a bailar a niñas y jamás había visto algo igual. Mi más sincera enhorabuena, niña – dijo en un inglés con un fuerte acento ruso.<br />
- Muchas gracias, señora, es un honor escuchar sus palabras.<br />
- Me has recordado mi juventud. He visto la emoción en ti, el sentimiento que desprendías. Ha sido increíble. Sólo quería decirte eso, niña. Nunca dejes de bailar – dijo mientras se dirigía a la puerta del camerino.<br />
- Gracias de nuevo. No olvidaré sus palabras. Por cierto, ¿me puede decir su nombre, señora?<br />
- Mi nombre es Olga Martarisechev – dijo mientras cerraba la puerta – tú sabes muy bien quién soy. Me tienes ahí, en tu cajita – y cerró la puerta.<br />
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Marta, perpleja por unos instantes, reaccionó y se abalanzó sobre la puerta. La abrió, pero allí no había nadie. “¿Lo habré soñado?”, se preguntaba. Pero no, ella sabía que no. Abrió su cajita y de nuevo observó su muñequita. Eran esos mismos ojos y esa misma misteriosa sonrisa.<br />
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Marta nunca dejó de bailar. Además, en Moscú, las cajitas dejaron de llevar el nombre de Martarisechev en la base de la caja, para llevar simplemente el nombre de Marta.<br />
Su sueño se había hecho realidad.]]></description>
      <pubDate>Tue, 21 Sep 2010 10:10:40 +0200</pubDate></item></channel></rss>