El primer vehículo en el que me llevaron después de nacer fue un cochecito llegado de la lejana Alemania a través de los mares, ribeteado con un friso de latón cincelado. Un lazo de curvas elegantes sostenía el cuco y una tela de encaje cubría generosamente el interior, suave como un plumón. El manillar brillaba, por supuesto, pero también los fuelles de la capota y los herrajes de las ruedas. La almohada en la que colocaba mi cabeza llevaba bordada la palabra "Tomoko",con unas letras coloreadas de rosa pálido.
Publicada el: Jue 07 de Julio de 2011. Fuente: Editorial Funambulista
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